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La determinación del nihilismo según la historia del ser

Autor: Martin Heidegger
País: Alemania
Año: 1944-1946
Género: Ensayo

Frase inicial:
"Ni el reconocimiento del ente como cosa de hecho [Tat-Sache] más elemental (como voluntad de poder) lleva a Nietzsche a pensar el ser en cuanto tal, ni tampoco accede a este pensar por la vía de la interpretación del ser como un «valor necesario», ni tampoco el pensamiento del «eterno retorno de los mismo» se convierte en un impulso para pensar la eternidad como instante desde lo súbito del despejado presenciar, el retorno como modo de presenciar y ambos, de acuerdo con su proveniencia esencial, desde el «tiempo» inicial [an-fänglich]."

Antes de empezar con este texto necesito decir otras cosas.

Primero, no se cómo sea la mejor forma de introducirse en el pensamiento de Heidegger. Unos dicen que a través de la lectura de comentadores del filósofo, otros dicen que se debe empezar primero por leer a Aristóteles, otros que es básico entender la analítica existencial (Ser y tiempo). En lo personal lectura de Heidegger ha sido accidentada (sin una estructura, orden, propósito, guía) y ha ido desde un "por supuesto, lo que dice es muy claro" a un, después de años de leer a Heidegger, "no entiendo nada".

Empecé leyendo ¿Qué es metafísica? y me pareció que tocaba muy íntimamente temas de la mística oriental. Lo vi evidente. En ese entonces ni siquiera había comenzado la carrera de filosofía y no recuerdo cómo fue que me cayó ese texto en las manos ni si lo leí todo o cómo diablos mi mente de ese entonces lo relacionó con el Sutra de la Guirnalda. Ahora puedo decir que mi lectura fue superficial y desde la perspectiva común y corriente de verlo todo o dentro del terreno material-real o dentro del terreno místico-imaginario. Estaba leyendo desde un razonamiento analítico plano que no encontró de donde asirse más que de un otro-lugar que entendía como espiritual. La cuestión es que ni yo tenía elementos distintos a un razonamiento causa-consecuencia ni Heidegger se desprendió nunca del bastón del lenguaje religioso que usaba para referirse a otras cosas distintas de lo religioso y que uno siente que se le cuela por todas partes. La cuestión es que Heidegger está en una especie de mundo límbico que ni habla desde el pensamiento científico ni habla desde el pensamiento místico, esto es, según sus palabras, no está pensando metafísicamente (a la metafísica le es extraño preguntarse por el ser del ente y sólo se estaciona en querer encontrar la esencia-existencia que hace que las cosas sean como son y sean fácticamente), está queriendo apuntar a otro ámbito distinto de las cosas (del ente) pero que sólo puede ser de las cosas (del ente), está queriendo des-aplanar la forma en que comprendemos el mundo. Así que de entrada leer a Heidegger está complicado porque uno lo empieza leyendo desde la forma de pensar tradicional, la forma aplanada de entender la realidad como aquello que es verdad de acuerdo a convencionalismos que incluyen leyes científicas.

Mi segundo contacto sucedió años después (2011) y sólo fue un breve párrafo del Ser y tiempo (§2) que la maestra quería subrayar como el reconocimiento de Heidegger de su propia fragilidad que es la fragilidad mental-emocional del ser humano: ¿En realidad nos estamos haciendo las preguntas correctas? Esto es como decir que nada más nos hacemos las preguntas que podemos contestar porque hacernos otro tipo de preguntas nos ponen en un estado muy incómodo. Dos clases después mi maestra había muerto de manera súbita y nos dejó a todos preparados para indagar sobre la muerte y experimentar lo angustioso de la certeza de que nos vamos a morir y la incertidumbre del cuándo y cómo. Sin la guía de mi maestra se me hizo imposible acceder a Heidegger por mucho interés que tuviera en saber lo que él pensaba sobre la muerte.

Heidegger volvió por necesidad mientras hacía mi tesis de licenciatura pues estaba queriendo plantear algo de lo que el filósofo alemán ya había hablado: el modo de ser propio (autenticidad) y el modo de ser impropio (inautenticidad). Como no estaba para leer Ser y tiempo pues quería acabar ya mi tesis, me puse a leer la Introducción a Heidegger de Vattimo, que dicho sea de paso, me dejó con un montón de dudas sobre los existenciarios porque no tenían pinta de categorías ni de nada que me hiciera sentido, es decir, no podía hacerme un esquema mental del pensamiento de Heidegger.

Heidegger se quedó entonces como una gran duda que quería resolver —que quiero resolver. Resolver es para mí poder ver, comprender, saber de que va, dialogar con Heidegger. Así que muy envalentonada me metí a la maestría con un proyecto sobre Heidegger. Creo que algo en mí me decía que el señor este decía algo importante y además no tener ni idea me dejaba (aún me deja) muy incómoda. Sí, he descubierto mi fragilidad al entrar en un mundo que no ofrece respuestas sino que más bien cuestiona todas mis certezas.

Así que en la maestría, lo primero que hago es leer en inglés una de los textos póstumos de Heidegger: The Event. ¿A quién se le ocurre? Pues no es que se me ocurriera, simplemente sucedió así. Muchas sesiones de cuatro horas cada una me la pasé sin entender nada. No sabía decir si sí o si no. Cero. Nada. Ni idea. Ningún referente. Como estar en otro planeta donde nada tiene ni pies ni cabeza. Años después y lecturas después estoy aquí ante un fragmento del Nietzsche II. Estoy aquí muy preocupada porque la lectura me sigue pareciendo complicada y me hace sentir el malestar de la ineptitud. Hace tiempo lo acabé y tomé un montón de notas pero era incapaz de venir y escribir algo sobre ello.

Segundo, estoy afectada por mi comprensión de Kierkegaard que cada día que paso con Heidegger se va diluyendo sin que pueda (o quiera) terminar de soltarlo.

Tercero, no he trabajado a Nietzsche. He leído algo de él pero no lo he trabajado, no he profundizado en su pensamiento. Así que parto de otorgarle a Heidegger como buena toda interpretación de Nietzsche y tratar de ver qué le importa a Heidegger señalar aquí. El ser, seguro, sí, pero de qué manera.

Heidegger sostiene que Nietzsche sigue pensado metafísicamente, sigue buscando un ente para responder al qué de lo que es. Todo querer responder al qué ya es buscar una respuesta que clarifique, una respuesta en la que pueda reposar la mente. La mente sólo puede reposar en el ente, en la visualización de algo. Responder al qué es dar por terminado el preguntar. Nietzsche no ha podido en su pensamiento, según Heidegger, acceder al ámbito del ser que implica otra forma de pensar. Así que Nietzsche piensa «voluntad de poder», «valor necesario», «eterno retorno de lo mismo» desde el dominio del ente y esto es ya ir muy lejos con la metafísica, por eso dice Heidegger que Nietzsche es el último metafísico. Claro, es que luego llega Heidegger a traspasar el límite que permanecía vedado, un límite que se adivinaba, que se sentía, pero que no se veía cómo trascenderlo. Y no es que lo trascienda Heidegger, es que éste se da cuenta por qué no lo podemos trascender, pero al darse cuenta de eso es que ya está al borde del límite y aquello a lo que no se puede acceder directamente se aproxima ocultándose, es decir, indirectamente, justamente como un poema nos muestra algo que no está explícito en el texto sino que sólo lo está señalando. Quiero pensar que ese límite es donde tiene lugar el sentido de lo que se muestra, pero aún no estoy muy segura. Pensando que sí, es el límite del darse del sentido de algo, es decir, la mostración del ente como tal que ya viene hacia nosotros y más allá de ese venir del sentido no hay nada, no podemos ver nada porque no se ha manifestado ningún sentido. La aproximación al límite es el instante del presenciar que que se menciona en el primer párrafo ya señalado arriba, ese instante tiene la particularidad del retorno que Kierkegaard llamó repetición (una especie de volverse a poner en lo abierto) pero que Nietzsche no pudo ver y sólo quedó como el volver del mismo sentido para afirmarse, algo así como afirmar una certeza.

Si la cosa va por aquí, el sentido se da históricamente, es decir, desde una precomprensión (lo que conozco y he experimentado hasta ahora) además desde una predisposición (las miras y las inquietudes) y desde una situación, todo al unísono y afectándose entre sí; la temporalidad. De modo que, el título del ensayo es algo así como: desde qué tradición, para qué y desde donde el sentido del nihilismo se ha determinado, o ¿cómo diablos hemos llegado a pensar el nihilismo como la falta de sentido? ¿es posible una tal falta de sentido o un no darse del ser? ¿no es la falta de sentido ya dar un sentido y de esta forma un no-pensar el ser?

La cuestión con Nietzsche que desembocó con la voluntad de poder fue la muerte de Dios (desvalorización de los valores supremos), esto es, la terminación de un marco de referencia mediante el cual el hombre daba sentido a su vida, este dar sentido, podría decirse, es del modo impropio pues está fundamentado en lo que comúnmente se dice [das Man], así que no es el sentido propio como el darse del ser en el instante o, lo que Heidegger llamará más tarde, el evento apropiador [das Ereignis]. Cuando se desarticula el marco de referencia, el hombre experimenta la pérdida del sentido o nihilismo. Ante tal barbaridad, ¿cómo se reestablece el milieu intérieur o estabilidad existencial? Si el hombre ya no puede depender de nada externo y mucho menos de una idea que se desbarata, necesita darle valor a su voluntad como estabilizador máximo, de ahí que surja la «voluntad de poder» como hecho último, ¿no es esto la afirmación de la subjetividad que domina sobre todo lo ente que comparece como objeto o cosa a la mano (o menos, como cosa ahí)? ¿No es esto sólo ver el ente y nada más que el ente?

Heidegger ve que para Nietzsche el ser en un hecho, pensar la esencia del hecho le lleva a la voluntad de poder y no puede comprenderse ésta sin el eterno retorno de lo mismo, es decir, la voluntad que reafirma una y otra vez el hecho (fact). El hecho tiene carácter de consistente (el ser algo como tal) y por ello no se ve la diferencia entre ser y ente, se sigue viendo el ente. Me suena a no querer que las cosas se desestabilicen y que sigan presentándose igual una y otra vez. Es un retenerse como consistente ante la fractura existencial, eso que se retiene es un valor, se retiene el sentido ya dado y por tanto no se ve la donación del ser y tiene que retenerse porque es lo que sostiene al hombre que se ve enfrentado por el nihilismo. ¿Cómo puede un hombre pensar el ser desde su verdad como desocultamiento, como retracción, cuando su estabilidad existencial se ve comprometida? ¿Cómo se puede entonces experimentar la esencia del nihilismo: que el ser a quedado fuera de su permanecer fuera?

El nihilismo habla de que algo ocurre con el ente y por tanto está hablando del ser del ente, del modo en que el ente es y ese modo implica el nihil o la nada. Decir que el ente no tiene sentido es como decir que el ser del ente no se da, que del ente no hay nada ¿es posible esto? Nietzsche quiere darle al pensar la garantía de su posibilidad, por lo tanto el ente como voluntad de poder en el modo de eterno retorno nos dice que que el ente vuelve así como él mismo una y otra vez, el ente es, no puede ser nada. Es un grito que dice "lo que veo está ahí y sigue ahí", el ente tiene que ser consistente, el pensamiento tiene que asegurarse, tiene que sentir el suelo firme del ente, el sentido debe fijarse, solidificarse. Y nuevamente es omitida la pregunta ¿de dónde proviene la consistencia? Dios ya no es la respuesta, ¿lo es la voluntad de poder? ¿Por qué no sostener la pregunta? Yo me pregunto, ¿es que alguien puede? Entonces pienso en el satori, pero ese es otro tema. Pensando con Heidegger, ahora comprendo eso de los futuros o los pocos…


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"Vamos a hablar de la esencia de la verdad." 

En definitiva es un texto que debe leerse después de Ser y tiempo y antes de proseguir con cualquier texto del llamado segundo Heidegger.

En Ser y tiempo la cuestión era la pregunta por el "la diferencia ontológica entre el ser y el ente", luego se transformó en la pregunta por el "sentido del ser" pero preguntar por un sentido remitía nuevamente a la metafísica, ahora se trata de la "verdad del ser", es decir, del ser como posibilitador —al mostrar sustrayéndose— de la metafísica.

Heidegger partirá de lo que entendemos corrientemente por verdad, esto es verdad como adecuación: cosa y enunciado concuerdan. Esta verdad no deja ser al ente, es decir, no es una verdad abierta sino más bien una verdad cerrada a lo ya conocido. Sin embargo, este tipo de verdad es posible porque el ser-ahí se detiene en lo abierto, es decir, se …