El origen de la obra de arte

Escritor: Martin Heidegger 
Año: 1935-1936 
País: Alemania 
Género: Ensayo 

Frase inicial: 
"Origen significa aquí aquello a partir de donde y por lo que una cosa es lo que es y tal como es." 

Mucho había oído hablar de este ensayo, mucho de lo dicho sobre los zapatos de Van Gogh, tanto que llegué a creer que este ensayo giraba todo él en torno a la pintura de Van Gogh, pero apenas es un párrafo, aunque qué párrafo.

Ya había visto dos o tres pinturas de zapatos, una de ellas en particular me llamó la atención. Desconozco qué pintura en específico tenía en mente Heidegger, pero de cierto nunca me detuve a ver en ella lo que Heidegger vio. No hay misterio aquí que unas clases de arte pudieran desentrañar, nunca unas clases podrán develar ante tus ojos lo que se le develaba a Heidegger: el desocultamiento de la verdad, aletheia.

Verdad y belleza, para Heidegger, van juntas. Pero esto no es de ninguna manera lo mismo que decir que ciencia y estética van juntas en el sentido de que donde emerge una emerge la otra, las dos como una misma. La obra de arte, no cualquier "arte", abre y en esa apertura ella misma se pone y se muestra como verdad, verdad del ser o desocultamiento del ente (donde se desoculta el ser se desoculta el ente, pero al retraerse el ser no todo el ente queda al descubierto).

La obra de arte puede verse como una cosa, un lienzo colgado en la pared, una letras dentro de un libro, una piedra tallada… Incluso la obra se le puede tratar, como se le trata ahora, de utensilio, es decir como medio para las vivencias, como algo de lo que nos servimos para entretenernos, como algo que se hace de cierta manera y en cierta forma para que nos sirva para algo específico, como asquear al espectador del arte vanguardista que se regodea en su propio sinsentido.

Pero la obra de arte como obra en la que obra la verdad (aquí heideggeriando) no tiene un para qué y ningún por qué, no importa el cómo ni el cuándo ni el quién y ni siquiera el de qué. La obra se contiene a sí misma y se sustenta a sí misma en espera de su cuidador: aquél que la deja ser lo que es. El cuidador se desnuda de su yo y sus saberes para morar en donde la obra le retiene y le deja saber lo que es: develamiento del ser, Ereignis (acontecimiento apropiador fundante que no se apoya en nada anterior). La obra nos interpela cuando compartimos esa intimidad de la que habla. La intimidad es Ereignis.

La obra es una alegoría, un símbolo, en ella hay más de lo que se pueda decir… El ensayo no lo dice pero yo digo que la obra habla de ti, en tanto que tú eres y participas de lo que es. Lo que me pregunto es si al participar del ser, como todo lo demás que es, participamos de una comprensión que antecede a la experiencia real y sin embargo ella habita en nosotros.

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