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Sobre el comienzo

Escritor: Martin Heidegger 
Año: 1941 
País: Alemania 
Género: Tratado filosófico

Frase inicial: 
"De un significado de palabra tomado al paso nada es extraíble. Y aunque se obtuviera, entonces la 'palabra' no sería sin embargo la palabra que aquí ha de decir algo esencial." 

Este es el primer tomo (el 70) de la Gesamtausgabe que leo por completo, de inicio a fin sin mayores pausas en el tiempo cotidiano. Quizá haya ayudado que sólo son 171 páginas aunque sepan a 500.

¿De qué va? Del comienzo, o del inicio como traducen en otros textos, del Anfang. No se trata aquí de cuando empiezan las cosas, esto es, de un punto de partida en un tiempo lineal; ciertamente tampoco se trata del arjé que intenta "descubrir" el origen o aquello de lo que se compone todo. Heidegger no está pensando el ente, es decir no está pensando las cosas, los conceptos, las estructuras ni tampoco está pensando lo trascendental. Heidegger está haciendo un esfuerzo de no pensar metafísicamente —de manera dual, discursiva, reflexiva, de un sujeto predicando de objetos—. Heidegger no quiere explicar, no quiere hacer teoría. Heidegger intenta señalar, intenta que "volteemos la mirada" hacia aquello "anterior" al pensamiento metafísico, hacia el entre donde ocultamiento y desocultamiento acontecen, hacia lo "anterior" a la decisión o el esenciarse del ser.

Muchas palabras son puestas en juego, estas palabras apuntan a lo mismo aunque ellas no son lo mismo pero se ensamblan —juegan entre ellas— para "llevarnos" hacia un pensar meditativo en donde se privilegia la pobreza de la no mediación. Comienzo (el primero y el otro comienzo), historia, a-bismo, ser [Seyn], dignidad, acaecimiento-apropiador —evento, Ereignis—, nada, lo sagrado, la muerte.

Para empezar, ¿porqué diferenciar cuando se quiere "salir" o superar la metafísica? Diferenciar es ya estar en la metafísica. Entonces, ¿por qué el primer comienzo y el otro comienzo? En esta obra Heidegger nos da a entender que no son lo mismo y que uno, el primero, va "antes" del otro, aunque luego dirá que el primero y el otro son lo mismo. El primer comienzo hace referencia a los griegos —hacer referencia es hacer metafísica—, el otro comienzo sólo es posible con el primer comienzo, pero si no se está haciendo aquí historiografía —sucesión de eventos—, entonces ¿de qué está hablando? No puede ser que los griegos experimentaron el primer comienzo y que a nosotros sólo nos queda el otro comienzo. La tradición vive en nosotros, no, no experimentamos el primer comienzo pero sí lo decidido tras ese primer comienzo: la metafísica.

¿Qué es el comienzo? Heidegger nos dice que para los griegos era la physis. En Introducción a la metafísica (¡ah! me acabo de dar cuenta que ya había leído otro tomo completo) hace una larga exposición de ser  y su "degradación" a partir de physis y llegando a lo que conocemos como sustancia. Entonces, apuntar al comienzo, a ese primero, como lo experimentaron los griegos, era dar cuenta —inicio de la metafísica— del ser como emerger o brotar ¿de qué? De lo ente, contestar siempre nos remite a lo ente. Este brotar es origen, comienzo. Ante el brotar la disposición afectiva es de sorpresa (esto lo dice en los Aportes a la filosofia), el ente se revela, una cosa se nos muestra: sorpresa. Pero ya nosotros hemos dejado de experimentar sorpresa, todo nos es dado o está por dársenos. Hemos dejado atrás la sorpresa y más bien nos fabricamos vivencias (esto aparece en un parágrafo de Meditación). ¿Cómo retornar a los griegos, o más bien al comienzo? No hay mas que el ser se reponga: interrogar por el sentido del ser. Desde nuestra situación histórica ese interrogar por el sentido del ser es hacer el esfuerzo por librarnos de todas nuestras certezas, de nuestro saber científico y situarnos en otro horizonte de comprensión (aquí estoy tomando la idea de Serenidad), cuando hacemos esto y entonces experimentamos el otro comienzo —pues la sorpresa ya no nos visita— entonces ante esa "caída" del pensamiento discursivo que atraviesa el nihilismo  la disposición anímica es de espanto: no hay certezas, la verdad es un cada vez desocultarse y ocultarse, todo está por decidirse. Me parece que aquí podríamos "jugar" con el destino y la libertad.

¿Por qué tantas palabras? "Comienzo" no dice nada, "nada" no dice nada, ser no dice nada. No pueden decir nada porque no hacen referencia al ente. ¿Por qué intentar hablar de ello? ¡Porque ya nos hemos olvidado de ello, no vemos en ello utilidad, estamos en la más ciega y total indigencia cubiertos hasta ahogarnos de lo ente! ¡Nuestro hacer calculado —premeditado— no conoce límites! Soberbia. Nadie se da cuenta, y el que se da cuenta —los pocos, los singulares— es porque ya inició el tránsito al otro comienzo, ha recordado, el ser ha resonado, se ha repuesto. Mientras continuemos en el pensamiento metafísico no hallaremos el ser. ¿Qué podemos hacer? Prepararnos a quedarnos  ahí ante la disposición anímica que abre el claro, resolvernos a permanecer en la apertura (espanto, angustia, serenidad, pobreza) insistentemente, templarnos. «Ser-ahí no es sin instancia del hombre» (p. 27).






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