Temporeidad y cotidianidad. La repetición tempórea del análisis existencial (§§ 67-71)

Autor: Carlos Di Silvestre 
País: Argentina 
Año: 2015 
Género: Ensayo 

Frase inicial: 
"La Segunda Sección de ST está dedicada a la interpretación existencial del tiempo como temporeidad (Zeitlichkeit) del Dasein."

Di Silvestre nos ofrece un ensayo bien estructurado del capítulo cuatro de la segunda sección de Ser y tiempo de Martin Heidegger. Que para su comprensión trae de capítulos anteriores los conceptos de cuidado, angustia, precursar, además de algunas precisiones que aparecen en Los problemas fundamentales de la femenología.

El texto comienza diciéndonos que la resolución precursante como modo propio (aquí ya el lector tiene que tener en claro lo que es la propiedad y la impropiedad así como la resolución que llega desde la posibilidad más propia: la muerte; el proyectarse y el estar arrojado) determina la temporeidad como sentido del ser del Dasein, que es lo que desde el inicio busca preguntarse en Ser y tiempo en términos del cuál es el sentido (lo articulable por la interpretación comprensora) ontológico del ser en tanto que inmerso en la comprensibilidad del Dasein.

Di Silvestre no dice que la tesis de la temporeidad se articula en dos tesis básicas una en la que la temporeidad es el fundamento ontológico del cuidado y otra en la que dice que la temporeidad está conformada por tres éxtasis temporales co-originarios.

Heidegger tratará el tema usando una dirección inversa al análisis preparatorio, tomando primeramente la temporeidad de la aperturidad (comprender, disposición afectiva, caída y habla), en segundo lugar la temporeidad de ser-en-el-mundo (ocuparse circunspectivo y comportamiento científico), seguido del breve parágrafo dedicado a la temporeidad de la espacialidad existencial y terminando con, el también breve, temporeidad de la cotidianidad.

Temporeidad no es lo mismo que tiempo, antes bien, este último, forma cotidiana (entitativa) en que concebimos al tiempo, es un derivado de la temporeidad.

El comprender, como ser proyectante respecto de un poder-ser por mor del que el Dasein existe cada vez; el comprender muestra al Dasein abierto en sus posibilidades. En el modo propio y considerando la co-originariedad de los éxtasis temporales (éxtasis en tanto que salen cada uno hacia los otros) es un precursar repitente-instantáneo, en tanto que el comprender impropio sería un estar a la espera olvidándose de sí completamente en la presentación o la inmediatez.

La disposición afectiva muestra al Dasein abierto en su condición de arrojado, es decir, le revela como un ente que ha sido. La comparación entre la propiedad y la impropiedad es realizada por la comparación de la angustia y el miedo. La disposición afectiva desde la propiedad hace que el Dasein ya no pueda proyectarse en las posibilidades mundanas habituales.

La caída, el tercer momento del cuidado, se funda en el presente modificando los otros dos éxtasis. La caída es tematizada a partir de la curiosidad como tendencia al ver, que no se preocupa por comprender, en contraste con la circunspección del ocuparse cotidiano.

El habla o discurso (Rede) no se temporiza primariamente en un éxtasis determinado pues la apertura extática está mediada por el habla, ésta no puede darse al margen de la compresión y la disposición afectiva.

En la temporeidad del ser-en-el-mundo, Heidegger nos dirá que la temporeidad extática hace posible la unidad del ser-en-el-mundo. En el ocuparse cotidiano, los útiles tienen una condición respectiva, es decir, están vueltos a un para qué determinado de ello vinculados a una serie de útiles de un entramado pragmático. El para-qué (futuro) implica un regreso al útil (haber-sido).

El trato con los útiles está fundado en la presentación que reteniendo está a la espera. Este trato tiene un modo deficiente cuando hay un desperfecto y por tanto una inviabilidad del para-qué, de modo que la presentación modifica su sentido. También hay un modo deficiente cuando algo falta y por tanto la presentación no se da como se espera. Un tercer caso es la aparición de un obstáculo que resulta inapropiado en el entramado pragmático. Así, la estructura tempórea de la ocupación cotidiana es impropia pues tiende a la caída.

Respecto al comportamiento teorético, nos dice Di Silvestre, Heidegger reduce a la ciencia a un modo de ser-en-el-mundo como: descubrimiento teorético de lo que está-ahí dentro del mundo desde un vuelco del ocuparse circunspectivo mediante experiencias disruptivas.

Que el Dasein pueda ir más allá del ente con el que se encuentra en cada caso manteniendo la unidad de su ser en una significatividad tiene su fundamento en la temporeidad. A la temporeidad pertenece un horizonte o delimitación del campo de visión, determinado a partir del ser del Dasein como cuidado, dentro del cual se puede esperar algo posible determinado. Los esquemas horizontales de los éxtasis temporales son espacios abiertos de sentido por los que se comprende el ente que se manifiesta. Así, ontológicamente, el mundo existe en el sentido de que está ahí abierto extático-horizontalmente.




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