El ente y la esencia (I-IV)

Escritor: Tomás de Aquino
Año: 1252-1259
País: Italia
Género: Filosofía 

Frase inicial:
"Puesto que «un pequeño error en el principio se hace grande al final», como afirma el Filósofo en el primer libro Del cielo y del mundo, y el ente y la esencia son los primeros conceptos del entendimiento, como dice Avicena en el libro primero de su Metafísicapor eso, a fin de que no caigamos en el error por ignorarlos, con el propósito de superar la dificultad que implican, vamos a tratar del significado de los términos esencia y ente, y de cómo se encuentran en las diversas cosas, y cómo se relacionan con las intenciones lógicas, a saber, con el género, la especie y la diferencia."

 Particularmente no me hacen muy feliz los filósofos del medioevo, su forma de estructurar las ideas se encuentra a medio camino, y los "entres" siempre son muy incómodos porque juegan entre dos extremos, en este caso el pensamiento que integra todo y el pensamiento que separa, o bien el pensamiento que acepta el misterio y el pensamiento que niega lo aquello que no pueda ser verificado. En el medio se trata un extremo con los medios del otro.

El título de la obra me pareció de lo más invitador. Siempre es un gusto indagar sobre lo que es uno mismo porque es el cuestionamiento más complicado y más comprometedor: lo que se dilucide tiene impacto en los actos, las posiciones ontológicas dan forma a la ética. Aquino ya va lejos, muy lejos de Heráclito pero sigue manteniendo el juego del logos de unir y separar sólo que ahora el logos pierde categoría de principio y cae hasta la forma del entendimiento humano. Se está iniciando un viaje, que parece sin retorno, hacia el olvido del ser como lo anterior a los tiempos del cálculo donde sólo reina lo ahí presente a la mano.

Sin embargo el trabajo de Aquino es destacado sobre el concepto de la esencia que juega entre lo universal y lo individual, jamás pierde de vista estas dos pertenencias del ser humano. El problema (o solución) es que el cuestionamiento sobre la esencia no puede ser llevado al extremo por la figura de Dios que detiene el cuestionamiento al infinito sobre la causalidad, y Aquino lo sabe.

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