La verdad subjetiva, la interioridad. La verdad es subjetividad

Escritor: Søren Kierkegaard 
Año: 1846 
País: Dinamarca 
Género: Ensayo 

Frase inicial: 
"Ya sea que definamos la verdad de un modo empírico como la adecuación entre pensamiento y ser, o de una manera más idealista como la adecuación del ser con el pensamiento, lo importante en cualquiera de los dos casos es prestar cuidadosa atención a lo que se entiende por ser y atender también que el espíritu cognoscente no sea seducido por lo indefinido y fantástico, convirtiéndose de este modo en un algo que nunca ningún ser humano existente ha sido o podría ser: un fantasma con el cual se entretiene el individuo ocasionalmente, pero sin explicitarse nunca así mismo con dialécticos términos medios cómo es que se ha llegado a este reino fantástico, o lo que para él significa estar en ese lugar, a menos que todo esfuerzo no se disuelva allí en una tautología, en una especie de fantástica y arriesgada aventura." 

El pensamiento hegeliano está puesto en entredicho. La verdad como conocimiento no puede ser la verdad del ser que en devenir. Todo ser humano es un existente y como tal, deviene y junto con él su pensamiento (el pensamiento y el ser no son uno y lo mismo) cuando éste ser existente lo concibe como aquel que nace de su interioridad.

La verdad es una aproximación en tanto que no se la puede considerar como algo acabado que reúna a su vez todo lo pasado. La verdad absoluta desde la perspectiva objetiva, es decir, desde la perspectiva del conocimiento (aproximación epistemológica), no le es dada al individuo existente. La verdad subjetiva, desde la perspectiva de la interioridad del individuo (aproximación ontológica), le es dada al ser humano como individuo, no como especie; esto es, la verdad es propia de la interiorización personal y es intransferible, no-explicable, no directa.

Para llegar a la verdad subjetiva debe tomarse una decisión: la fe. ¿Por qué? Porque no hay forma de que sea transferida, que sea posible en un proceso de maestro-alumno. Pero ella, la verdad subjetiva, puede ser despertada, provocada, desde una aproximación socrática: hay metáforas, se recurre al lenguaje que muestra, se requiere que quien desee encontrarla la busque en sí mismo.


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