Las diosas de la mujer madura


Autor: Jean Shinoda Bolen 
País: Estados Unidos de Norteamérica 
Año: 2001 
Género: No literario 

Frase inicial:
"La mayoría de las mujeres que conozco no sólo no niegan su edad, sino que, al cumplir los cincuenta, celebran el evento."

Cuando cumplí cincuenta años estaba en pleno confinamiento por la pandemia que afectó al mundo entero. Estaba viviendo la perimenopausia all by my self. No tenía nada que celebrar, mi hermano recién había fallecido y mi cuerpo me gritaba que yo moriría pronto (y yo le creí). Pero el tiempo pasó y seguí experimentando los "efectos secundarios" del envejecimiento. Supe, entonces, que la narrativa desde la cual me estaba viviendo estaba afectando mi calidad de vida.

Coincido con Shinoda, a mis cincuenta debí haber descorchado una botella de champagne. El cúmulo de experiencias han hecho de mi vida todo menos algo plano e insulso. Me llevço seis años reconocer la riqueza de mi vida y quizá me tome otros tantos más desarrollando una narrativa propia que me permita transitar mi situación vital con aprecio y dignidad.

Vengo justo de escuchar un podcast de Robert Harrison sobre ""Education for Aging", las primeras palabras del diálogo en forma mencionan geriátricos, deterioro mental y segregación. ¡Qué futuro estamos construyendo para nosotros mismos! El tema debe ser pensado y repensado largamente.

Pero, ¿siempre ha sido así? ¡Claro que no! Recuerdo haber crecido con historias sobre concejos de venerables ancianos compitiendo duramente con el ejemplo en mi cotidianidad de ancianos que no habían sabido cultivar su interior, por decir lo menos. Los ancianos de mi niñez se aferraban con dientes y uñas a la idea de la juventud (de ahí la proliferación de viejos raboverdes). En todo este panorama me faltaba algo: ¿y las mujeres? ¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser una mujer madura?

La imaginería de los cuentos de niños me proporcionaba abuelitas que hacen galletas y brujas come niños. Los arquetipos de las diosas de la antigüedad estaban más que enterrados.

El libro de Shinoda me parece un buen comienzo, pero siento que aún falta ahondar. Habemos mujeres mayores que nunca tuvimos un "nido lleno" por el cual hacer duelo. Ser mujer no es ser madre. Ser anciana no es contar con una pensión para viajar. Nos hacen falta narrativas, arquetipos que nos sirvan de guía desde el subconsciente.

Dice Shinoda: "es el momento de desafiar los estereotipos negativos de las mujeres mayores y entender la relación que existe entre el destino de las diosas y el trato que se le da a las mujeres, la ausencia de lo femenino sagrado en la espiritualidad de la mujer y la base teológica del patriarcado".

Ahora se habla mucho del empoderamiento, pero envejecer es descubrirse vulnerable y sensible. Envejecer es aprender a dejar ir y saber recibir lo que llega, como la lentitud que nos jala a que aprendamos a morar en nuestra situación real (parte de nuestra situación es la nueva expresión de nuestra sexualidad, las condiciones biológicas y la construcción narrativa del género).

En las narrativas antiguas está la figura de la diosa tripartita: doncella, madre y anciana (la Gran Diosa era una personificación de la Tierra). La cultura en nuestros días ha suprimido a la diosa anciana como un tercer aspecto femenino. Las mujeres también menguamos, me digo, por más que quiera negarlo. ¿Cómo puede comprenderse el menguar como otra forma de vida? Quizá la respuesta sea comprenderse mortal sin asumirse monstruo (por cierto, ¿han visto la película La sustancia?).


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