El libro de los espíritus
Autor: Allan Kardec
País: Francia
Género: No literario, Espiritual
Año: 1857
Frase inicial:
"Para las cosas nuevas se necesitan palabras nuevas. Así lo exige la claridad del lenguaje, a fin de evitar la confusión propia del sentido múltiple de los términos. Las palabras espiritual, espiritualista y espiritualismo tienen una acepción bien definida; darles una nueva para aplicarlas a la doctrina de los Espíritus sería multiplicar las ya tan numerosas causas de anfibología."
Esta lectura me merece muchas consideraciones. Voy a tratar de desglosar mis apreciaciones de una manera que no había hecho antes, primero porque el texto bastante largo y minucioso de Kardec me ha hecho pensar en temas diversos y en mis lecturas de filosofía.
El género al que he adscrito el texto, Espiritual, me incomoda un tanto porque dentro de esa palabra caben muchas cosas, además de que se le ha asociado a lo no serio, lo no académico, lo sujeto de menosprecio.
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La Cáscara de la Nuez: Releyendo a Kardec desde la Herida Moderna
I. Introducción: El choque con el manual del siglo XIX
No me es de extrañar que un escrito sobre experiencias trascendentales bajo el formato de ensayo tienda hacia la prescripción. Esa tendencia la he observado en textos filosóficos como el de Schopenhauer en el Libro Cuarto, "El mundo como voluntad", dentro de El mundo como voluntad y representación; así como la tendencia contra la que luché en mi tesis de maestría El consumismo desde la historia del ser. Desligarse de la idea de lo bueno es una tarea que apela a todo pensador heredero de Platón.
En lo personal, la forma bajo la que se presenta el hilado de ideas, la forma de las preguntas que hace Kardec y sus propias reflexiones, me han resultado como una cachetada. El texto desarrollado en 1857 es una muestra de la tradición bajo la cual, de manera completamente inconsciente para mis ancestros, fui educada. Estas formas de rectitud, de lo que es bueno, de lo que se debe hacer, resultan en un manual de "elevación moral" con el que hubiera estado más que agradecida de encontrar, y al que me hubiera apegado voluntariamente, si lo hubiera encontrado por allá de mis años veintes. Ahora me resultan chocantes, aunque esa conformación mental la tengo bastante arraigada.
En su elaboración, Kardec no distingue el espíritu de la voluntad, y la voluntad no la considera en ningún momento como parte del ego. Es una cuestión de época, lo sé, pero ahora podemos ir más allá y cuestionar la voluntad como una voluntad de poder.
Con todo, el texto me parece muy valioso porque intenta profundizar, porque toca varios temas. Hay una fábula a la que apela el propio Kardec, la del mono y la nuez cuya moraleja es: Si te quedas sólo con la primera impresión, con la cáscara amarga, te pierdes la verdad del fruto.
II. El Pathos frente a la Razón Instrumental
La procedimiento ante algo nuevo que aparece ante el ser humano es el siguiente: se percibe algo que produce extrañamiento porque no empata con lo ya conocido; se indaga, se cuestiona, se compara, se hacen analogías; se busca sistematizar lo aprendido; se genera el manual para el uso de los adeptos.
En la sistematización hay una separación, un ordenamiento e invariablemente (aunque se disfrace) una jerarquización. Los espíritus, según Kardec, tienen niveles adscritos a la ley del progreso, tal como se cataloga de manera ordinaria, y hasta automática, a cualquier personad hoy en día. Lo interesante, dada la época en la que fue escrito El libro de los espíritus, es que sólo hay jerarquización por conocimiento y por moral, no por género ni por clase ni por raza (que a estas alturas del 2026 ya sería un escándalo aunque se siga llevando a la práctica). Entonces, tenemos que están los espíritus elevados y los inferiores, y por consiguiente, los buenos y los malos, con sus variaciones intermedias. El conocimiento y la moral se corresponden. Esta forma de jerarquización ya se ha visto antes bajo el catolicismo (en el cual está embebido Kardec) e incluso sigue en textos modernos similares como los elaborados por el psicólogo Michael Newton.
Sistematizar es propio de la razón de la cual nadie quiere (o puede) despegarse aunque el tema que se aborda responda a otro dominio distinto de lo computable. La razón como instrumento de comprensión no tolera el misterio ni lo irreproducible, cualidades propias del dominio de lo trascendente. Pero como es con lo que contamos para comunicar, para señalar, para develar, pues nos perdemos una y otra vez la oportunidad de explorar otras vías y de aceptarlas como válidas.
Aunque Kardec hay momentos en los que hace diferencia entre dimensiones del pensamiento, entre el alma intelectual y el alma moral, no deja de apelar a la lógica y la razón para señalar a la doctrina espiritita como la mejor opción que explica las vicisitudes del mundo. Con todo, llega a plantear que los vicios, las adicciones son consecuencia de la falta de voluntad de un espíritu inferior. Pasiones y padecimientos van de la mano de espíritus inferiores que deben expiar sus faltas. Uno podría alarmarse con semejantes aseveraciones, pero la verdad es que es bastante similar a lo que llega a creer la gente en general sobre las personas que sufren: los pobres son pobres porque no trabajan, los deprimidos o bien no hacen nada o no tienen la voluntad para sonreír, por ejemplo. Todas estos juicios son propios de una posición en la que no se padece lo que se critica, en pocas palabras, se trata de pura ignorancia.
¿No es el padecimiento una oportunidad para cuestionar todas estas preconcepciones? En El libro de los espíritus, parece que se busca que evolucionemos para vivir en una especie de mundo ideal en el que no las pasiones fueran anuladas. A mí me parece que sin pathos no hay movimiento, no hay experiencia. Kardec diría que se refiere únicamente a esos vicios enajenantes, pero ¿no es un poco ingenuo pensar que en una salida de lo ordinario, de lo establecido, en un deseo de trascendencia, no exista el riesgo de que nos perdamos? Tengo la intuición de que detrás de nuestras pasiones, de nuestras adicciones, está el deseo de encontrarnos con nosotros mismos.
La razón, sólo tomaría riesgos calculados; saldría a buscar con mapa en mano. Y aún así, el peligro de perderse late a cada paso.
IV. La Fricción del Alma y el Contraste Terrenal
La doctrina espiritita establece que los espíritus no pertenecen siempre al mismo orden pues las existencias corporales son siempre progresivas; Kardec le llama ley del progreso. Esta creencia, no lo niego, trae una especie de alivio como cuando te duele algo, vas al doctor, y le da nombre a lo que tienes; que lo que te pasa tenga nombre te hace sentir menos a tu suerte, pero nombrarlo no quita el dolor.
Este valle de lágrimas (¿quién lo llamaba así?) tiene una razón: las almas o están expiando algo, o están en una misión. En ambos casos (también lo asevera Michael Newton), el espíritu estaba al tanto cuando se apuntó a "bajar" a la tierra o encarnar. Esto se supone que le ayuda a uno a apechugar lo que le pasa y tratar de dar lo mejor de uno. Sin esta idea, el sufrimiento se intensifica o peor, uno no tarda en caer en el sinsentido de la vida y de ahí al nihilismo (otro de los juegos del ego). No voy a decir qué opción es más conveniente para todos. Sólo puedo compartirles que caer en el sinsentido es el hoyo negro más desolador en el que te puedes aventar. Si la razón llega al extremo de lo inútil que es hacer nada o en que, como dice Kardec, se considere que lo mejor es que cada quien vea por sí ("a gozar que este mundo se va a acabar"), la moral se cae al suelo con todas sus consecuencias. Recordemos que vivimos en sociedad.
Por otro lado me inquieta la idea de que los espíritus similares se atraen. Esto me lleva a pensar no sólo en los grupos de amigos (que tiene toda la lógica) sino también en el tipo de almas que eligen determinados países para tener experiencias particulares. ¿Qué consecuencias morales traería el que se creyera extensivamente en esto?
V. Fenomenología de lo Inefable: Mis Manecillas Rotas
En aquella época de Kardec, s. XIX, estaban en apogeo las manifestaciones espirititas"ruidosas" como el movimiento de mesas. Habían reuniones de invocaciones, respuestas sonoras. Y ahora, silencio (al menos que no esté en lo absoluto enterada de que aún sucedan. Yo nunca (ni de broma) he jugado con la Tabla de la Ouija, pero mi hermano y mis papás sí. Ninguno de ellos era del gusto de estar metidos en en esas actividades, les sucedió a cada uno en reuniones sociales. A mi hermano le dieron el nombre de la mujer con quien se casaría; nunca pensó mi hermano en casarse, sin embargo en los últimos años de su vida, debido a su enfermedad, se casó con su pareja que justamente tenía el nombre que le dieron. Mis padres sólo fueron testigos, me dijeron que efectivamente la tablita esa se movía.
Las manifestaciones espirititas me parece que son de otro orden. Ahora están las Experiencias Cercanas a la Muerte. Yo he vivido experiencias cercanas a la muerte de otros, todas diferentes, no ruidosas sino más bien íntimas. Ninguna de mis experiencias son producto de un texto leído, con honestidad puedo decir que la criptomnesia está descartada.
Parte de mis gusto por leer libros como el de Kardec tiene que ver con el interés que me han despertado mis propias experiencias, otra parte tiene que ver con una afinidad que ha estado presente desde mi infancia tanto como para la lectura en sí como para lo esotérico (lo que no se expresa abiertamente).
Las experiencias fuera de lo común a veces son descartadas como coincidencias, ilusiones, tonterías, curiosidades. Y puede que la mayoría sea eso precisamente. Sin embargo hay algunas experiencias que se quedan vivas.
Con la lectura de Kardec me acordé de una curiosidad que me sucedió durante la pandemia, cuando estaba encerrada sola en casa. Tengo un reloj cucú que en ese entonces había parado para no oír el tic-tac. No sé cuando pasó que las manecillas se desprendieron del reloj. Me di cuenta cuando al verlo de pasada lo noté extraño. Ahí estaba, sin manecillas. Las busqué por el suelo. Una estaba partida verticalmente por la mitad, se perdieron las rondanas y la tuerca que las sostenía. Si hubiera esta funcionando lo entendería, pero no, estaba parado sin que nadie lo tocara, ni siquiera el viento. Un hecho así puede pasarse por alto fácilmente. Deteniéndome un poco, el hecho de que se trataba de un reloj y de que el tiempo en la pandemia se detuvo de alguna manera para mí, se detuvo simbólicamente y las manecillas remarcaron el símbolo: la hora ya no importaba para mí en esa época.
¿Qué es propio de el mundo espiritita descrito por Kardec, qué es una sincronía jungiana, qué tanto en uno mismo sin ser la voluntad personal? Lo cierto es que hay experiencias no ordinarias que señalan o acompañan eventos importantes. La experiencia fenoménica existe.
VI. Conclusión
Atender al fenómeno sin explicarlo es una forma de habitar la duda como suelo sagrado. Kardec ha hecho un intento no sólo por explicar ciertos fenómenos sino también por crear un dogma para conducir al hombre por el camino del bien y, además, dar sentido a la vida humana; ha caído en los modos del método y la catalogación de lo que, a mi ver, debiera ser simplemente señalado, sugerido. Aunque entiendo la necesidad de ser tomado en serio, de querer llamar la atención sobre lo que se ignora o se rechaza sin más.
La experiencia humana es amplísima. Los modos de pensamiento por el que busca comprenderse la vida, la realidad, la afectividad, la consciencia son diversos. La lectura me ha estimulado a leer de nuevo filosofía, a cuestionarme sobre las limitantes y las estructuras de la cognición. Así que sin duda recomiendo la lectura para levantar preguntas.

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